Martes, Marzo 26, 2013 / Destacada

La Epopeya

La Epopeya

Díganme, desde que pasó lo que pasó y nos fuimos a la B, ¿alguien recuerda un partido como el de ayer?  Miedo, emoción, adrenalina, angustia, felicidad. Todos los condimentos de un encuentro épico, de esos que no tenemos la fortuna de ver demasiado seguido, futbolísticamente hablando. Central se llevó tres puntos INVALUABLES. Por primera vez en su historia ganó en el José Fierro y como ganó. Noventa minutos no aptos para cardíacos con un final soñado.

Lo ganaba, pasó a perderlo, a ganarlo, a empatarlo, casi lo pierde nuevamente y terminó ganándolo. Con dos penales en contra, la pésima actuación de Casteglione, la dolorosa ausencia de Caranta, la desesperante salida por lesión de Méndez y el ingreso de Freitas que desde que llegó a Central jamás hizo nada por ganarse un lugar. Con todos estos factores en contra, el equipo de Russo supo superponerse a la adversidad, sacó chapa de guerrero, esa que nos marca a lo largo de toda nuestra historia y pisó fuerte en un estadio en el que nunca nada se nos dio fácil. Por árbitros localistas, por malos tratos del público local, por errores nuestros: Atlético Tucumán era un rival invencible dentro de su fortaleza. Pero nada es imposible para este Central que está invicto hace 15 fechas, que le saca cuatro puntos a Gimnasia de La Plata, su escolta inmediato y seis a Olimpo.

Pero la felicidad no fue plena, se vio opacada por los incidentes provocados entre la policía tucumana y la violenta represión hacia los hinchas canallas. No importó que hubiera familias, mujeres, chicos. El estruendo de los balazos de goma resonaba en la calurosa noche tucumana mientras Russo y parte del plantel miraban anonadados e intentaban pedir calma ante una violencia desmedida. Miles de almas auriazules del otro lado de la pantalla de la televisión sufrían por los suyos, se estremecían ante los enfrentamientos. El fútbol, herido de muerte, llora lágrimas de sangre ante una guerra encarnizada que parece no tener fin.

Mientras tanto, mientras el deporte más popular tal cual supimos vivirlo alguna vez se desangra lentamente, el sueño sigue de pie, más vivo y fuerte que nunca. Elevándose por encima de todo lo que quiera derribarlo, le otorga a su gente esperanza, toda esa esperanza que le fue arrebatada hace a penas diez meses atrás. Le muestra a todo su pueblo que esta vez la meta es innegociable.

Por Paula Cabrera | Columnista de DeCentral.com.ar

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