Lunes, Mayo 16, 2016 / Noticias

Apoyo y canto a la ilusión

El Gigante despidió a los dos Central, el que jugó el último partido de local en el torneo y el que buscará el pase a semis de la Copa el jueves en Medellín.

Un grupo adentro. En su mayoría pibes. Poniendo la cara en una recta final distante de aquellos buenos augurios que se tejieron en el arranque del torneo. El resto afuera, siguiendo de cerca desde uno de los palcos, esperando el vuelo de mañana rumbo a Medellín para sellar el pasaporte a las semifinales de la Copa Libertadores. En el medio los hinchas. Apoyando a los unos. Incentivando y pidiéndoles a los otros. Casi una postal de lo acontecido en estos últimos partidos, en los que a todos se les hizo difícil llevar a la práctica esa abstracción, total o parcial, de la enorme tentación que genera la Copa.

“Vamos la Acadé, queremos la Copa”, fue el primer grito, a modo de súplica, de un estadio que por ese entonces (15′ del primer tiempo) era testigo de las enormes dificultades que mostraba el muletto canalla para inquietar a Quilmes. Igual eso no era lo importante y mucho menos lo urgente. Es que no parecía haber ni necesidades ni urgencias en esos tres partidos en los que las chances de pelear se encontraron con la dureza de los números. Desde ese momento hubo lamentos, pero nada que se asemeje a la vivencia de un martirio o cualquier atisbo de reproche. La Copa seguía entregando guiños y fortaleciendo una ilusión.

Quizás resulte engorroso meter tanto la palabra “copa” en medio de la disputa del torneo local, pero escindir esa idea de lo que jugadores, cuerpo técnico, dirigentes e hinchas sienten es lisa y llanamente imposible.

¿Cómo explicarlo? Simple. El grito de “gol” con el cabezazo de Cetto despertó otro grito. Pero no en alusión a lo que significaba el empate transitorio ante Quilmes. Esa vociferación iba un poco más allá, adonde el foco de atención tiene el lugar de anclaje. “Por eso les pido huevos a los jugadores, queremos ganar la Copa Libertadores”. Claro. Conciso. Contundente. Fue prácticamente el único momento en el que Central creyó que podía llevarse a Quilmes por encima. Porque quedaban cinco minutos más el adicionado y el resto físico y anímico parecía correr por cuenta del canalla. Nunca pasó eso. Pero no importó. Casi como si empatar o ganar hubiese sido lo mismo para los hinchas, que a los 48′ enarbolaron un nuevo pedido. “Que en Colombia cueste lo que cueste, en Cololmbia tenemos que ganar”, también atronó durante un par de minutos. Y se repitió una vez que a esa altura el piberío se topaba de frente con la imposibilidad de dar vuelta la historia ante Quilmes y marchaba hacia los vestuarios en lo que fue la última presentación canalla hasta que las competencias se reanuden.

Era el punto final de una historia a la que le queda un capítulo (en Córdoba) para bajarle la persiana. Se iba de Arroyito un torneo que parecía al alcance de la mano y que quedó mucho más lejos de lo imaginado. Por lo pronto, la performance internacional fue la verdadera red de contención y a partir de la cual ilusionarse.

Unos marcharon a las duchas. Los otros bajaron al vestuario a saludar. ¿Y el resto? Desde afuera haciendo lo suyo, que fue apoyar y cantar por una ilusión.

No hubo minutos en cancha para los titulares

Ninguno de los que se presumen serán titulares en Medellín estuvo en cancha. Sólo Alvarez ocupó un lugar en el banco de suplentes (no ingresó). El equipo colombiano ayer hizo algo similar, ante Patriotas. Entre los once estuvo Ibargüen, lo que indica que en la vuelta en su lugar estará Ibarbo.

Dos estrenos con buenos indicios

Ezequiel Rodríguez y Félix Banega tuvieron sus primeros minutos en la primera canalla.

En el medio del recambio aparecieron nombres de juveniles a los que valió la pena verlos en acción. No hicieron nada del otro mundo. No descollaron pero entregaron señales positivas. Ayer fue el turno de Ezequiel Rodríguez y Félix Banega, ambos campeones con Giovani Lo Celso en la 9ª de AFA en 2010 con Alejandro Rubinich como DT y en 6ª, en 2013, con Leonardo Fernández de entrenador. Un delantero y un volante que mostraron lo suyo y a los que se les sumó Maximiliano Lovera (ya había debutado ante Gimnasia), también con una muy buena actuación.

Rodríguez (20 años) ingresó a los 8′ del complemento para sumarse en la delantera junto a Protti. Fue víctima también de la escasa potencia ofensiva que mostró el equipo, pero se las arregló para generarse sus propios espacios. El Tanque, que disputó 73 partidos de 9ª a 4ª y 14 en reserva, intentó moverse de espaldas al arco y agredir de frente en cada centro. A los 45′ metió un remate desde el borde del área que se fue muy cerca del palo derecho de Dulcich.

Banega (19 años, 12 goles en 120 partidos de 9ª a 4ª y 4 tantos en 28 cotejos en reserva) tuvo menos tiempo en cancha, pero se movió con inteligencia. Intentó darle buen destino al balón y en la mayoría de los casos lo logró.

Algunos minutos más tuvo Lovera, quien ya había tenido su bautismo de fuego hace un par de semanas. Se paró sobre la derecha y fueron varios los desbordes que metió y que terminaron en centros al corazón del área.

“No es bueno que tantos chicos juntos tengan que estar en cancha”, fueron las palabras de Coudet cuando se lo consultó sobre la evaluación que hizo de los debutantes, con quienes quedó conforme. Ambos tienen un camino enorme para recorrer y afianzarse. Ayer dieron un buen paso.

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